La energía en Chile siempre es tema de discusión, Centrales hidroeléctricas, plantas termoeléctricas, nuevas minas de carbón son temas que, más que nunca, están en la mesa de discusión de todos los chilenos. ¿Son el agua y el carbón las únicas alternativas posibles? ¿Las energías renovables no convencionales son sólo un mito? En los últimos años el debate en torno al crecimiento de la matriz eléctrica ha estado dominado por discusiones en las que, prácticamente, ninguna voz de la ciudadanía ha quedado ajena. Cada vez surge con más fuerza una dicotomía que ha centrado el debate entre quienes prevén un aumento de la matriz a partir de la construcción de centrales que usan carbón como insumo principal o los que prefieren la construcción de grandes centrales hidroeléctricas. Al otro lado de la vereda quienes critican estos desarrollos y hacen una fuerte apuesta por las Energía Renovables No Convencionales (ERNC). Con leves matices, esta elección es la que ha concentrado gran parte del debate. Lo que hay de fondo es el camino que el país debe considerar para aumentar su matriz de generación eléctrica. Sin embargo, se extraña la ausencia en esta discusión de otros energéticos que actualmente son protagonistas de la matriz eléctrica de la zona central del país (Sistema Interconectado Central, SIC, que va desde Taltal a Chiloé). Esto, adquiere especial significancia luego del enorme esfuerzo conjunto realizado hace algunos años por tres empresas importantes del rubro energético local (Metrogas, Endesa, Enap, firmas a las que se sumó la internacional BG) para dar forma al terminal GNL Quintero, proyecto que implicó inversiones superiores a los US$ 1.100 millones. Chile desde 2009 cuenta con una de las plantas de gas natural licuado (GNL) más modernas del mundo que le permiten hacer una contribución muy significativa al abastecimiento del sector eléctrico. Este aporte ha adquirido enorme relevancia en los últimos meses en que el país ha enfrentado un déficit energético por una fuerte sequía, lo que ha llevado al GNL a ser una alternativa a la hidroelectricidad y el carbón. Lo anterior queda de manifiesto al analizar los números que presentan las tres principales empresas generadoras del país durante el primer semestre de 2011. De acuerdo a las cifras de la consultora Systep, el 37% del total de la energía generada por Endesa —incluye la hidroeléctrica Pehuenche—provino de la operación de centrales que utilizan GNL. En el caso de Colbún la producción eléctrica a partir de este insumo ocupó 35% del total de su generación. Mientras que AES Gener produjo 28,7% de electricidad a partir de este recurso. Cabe destacar que estas tres compañías fueron las responsables de más del 75% de la energía generada durante los primeros seis meses del año. Si bien estas cifras pueden responder a una coyuntura particular como es la sequía —que por cierto ha sido factor recurrente en los últimos 20 años— y dado que el debate cada vez en mayor medida incluye la variable ambiental como factor de suma importancia no podemos darnos el lujo de descartar al combustible fósil más limpio de una matriz eléctrica cada vez más presionada. La sustitución de centrales convencionales de carbón y diesel por centrales de ciclo combinado que utilizan gas natural es una manera costo efectiva de contribuir a la reducción de los contaminantes locales y de los gases efecto invernadero. Las modernas tecnologías de ciclo combinado consumen un 35% menos de combustible fósil que las convencionales, lo que aporta, de hecho, la mejor solución para reducir las emisiones a la atmósfera y, por tanto, contribuir a preservar el entorno medioambiental. En virtud de lo anterior, la emisión unitaria por [kWh] producido mediante plantas de ciclo combinado es, en general, sensiblemente menor, aunque destaca especialmente la reducción de emisión de dióxido de azufre, que es despreciable frente a la de una central alimentada por carbón o petróleo. Como para considerar, en especial si Chile ya cuenta con cerca de 3.000 MW instaladas operativos para usar este combustible. Luego de más de un mes de masivas manifestaciones ciudadanas, contra HidroAysén, y en el contexto de recursos legales presentados por parlamentarios y la ciudadanía contra la aprobación de Castilla, Patache e HidroAysén, el gobierno de Sebastian Piñera ha montado una Comisión Técnica para revisar la matriz energética y se ha abierto a patrocinar los Proyectos de Ley de Generadores Residenciales y de incremento de la cuota de energías renovables en un 20% para el año 2020, presentado por el senador Antonio Horvath (RN), con el apoyo de los senadores de la Concertación Jose Antonio Gómez, Isabel Allende y Ximena Rincón, y aprobado en forma unánime en la sala del Senado. Tal como se afirmó en el Congreso Nacional “legislar a favor de un 20% de energías renovables sustentables al año 2020, equivalente a 4.000 mega watts, permitiría reducir los altos costos operacionales de generación en el país, beneficiando a todos los chilenos”. Pero actualmente el gran obstáculo para ello son las grandes empresas que dominan el mercado, y que se adjudicaron casi toda la generación hasta el año 2025, en base a mega-hidroeléctricas y a carbón. Ello, con el aval del gobierno, que permite la perpetuación de una matriz eléctrica concentrada, contaminante, alta en su precio e insegura por la gran variabilidad de precio en los combustibles importados, la creciente escasez hídrica y la alta huella de carbono. En el pasado, la Comisión Nacional de Energía -por su intencional diseño durante el régimen militar y consolidado en el Decreto con Fuerza de Ley N°1- no tuvo atribuciones políticas para planificar o incidir significativamente en el desarrollo energético del país. Su rol fue restringido a regular la actividad eléctrica y fijar el precio nudo, lo cual dificultó su protagonismo en la orientación de la política energética. Pero las regulaciones de eficiencia energética en 2006-2007; la instauración de una cuota obligatoria de diversificación con energías renovables en 2008; y la creación del Ministerio en 2009, entre otras, entregaron claras atribuciones al Estado, y que hoy el gobierno no quiere ejercer. En consecuencia, los logros de la reciente emancipación institucional y política del Ministerio de Energía para conducir el desarrollo energético están siendo abortados, y Chile vuelve a ser víctima de un desarrollo eléctrico cuya matriz es el conjunto de proyectos más rentables para las empresas generadoras, que la Comisión Nacional de Energía ordena por año de entrada en el Plan Indicativo de Obras, instituyéndolo como el futuro energético del país. Sin embargo, el país ya ha probado que este conjunto de proyectos más rentables para los privados, no es, ni será el desarrollo energético más conveniente y seguro para el país. Diversas iniciativas de las universidades, las ONG´s, las empresas distribuidoras y nuevas empresas generadoras en años recientes, han demostrado que Chile puede salir de este círculo vicioso de monopolio, contaminación, conflictos y vulnerabilidad energética, a través de un diseño de la matriz energética del país sobre la base de mayor descentralización e incorporación sustantiva de energías nacionales y limpias y gestión de la demanda para el uso eficiente de la energía. Los resultados de estas nuevas proyecciones de la matriz energética muestran también sistemas eléctricos más diversificados, con menos impactos ambientales, más robustos y a menor costo de la energía. El informe de las Universidades de Chile y Federico Santa María en 2008[1] , muestra que en un escenario de precio de la energía de 102 dólares por MW/ hora[2] Chile al año 2025 que podría tener una matriz eléctrica más segura, económica y limpia con 51% de energías renovables no convencionales- ERNC (31%) y eficiencia energética (19%) y sólo 49% de gran hidráulica y térmicas. Pudiéndose llegar a 70% de la nueva energía con ERNC y eficiencia si se hacen aún más competitivas frente al aumento del precio de los combustibles. El año pasado el diseño de matrices eléctricas alternativas al Plan de Obras de la Comisión Nacional de Energía, para generar la misma cantidad de que indica el plan oficial; pero realizado por varias universidades, ONG´s y empresas, convocadas por Empresas Eléctricas, Fundación AVINA, la Universidad Alberto Hurtado y Fundación Chile;[3] y bajo la estricta coordinación metodológica del prestigiado y extremadamente convencional equipo de Hugh Rudnik de la Universidad Católica, demostró que entre 2010 y 2030 los Planes de Obras con 1,5% anual de Eficiencia Energética y con mayor componente de ERNC resultan ser los más robustos (seguros), más limpios (con menores impactos sobre suelo, aire y agua) y económicos. Además, tal como ha demostrado el estudio de la Asociación Chilena de Energías Renovables -ACERA- la inyección de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) en un porcentaje de sólo 3% el año 2010, redujo en 129 millones de dólares el costo operacional en el Sistema Interconectado Central (SIC), y bajó en 3,33%, los costos marginales de la energía. Adicionalmente a ello, los escenarios alternativos con matrices energéticas intensivas en Energías Renovables No Convencionales, presentaron un valor agregado de reducción de las emisiones de CO2, con respecto al sucio Plan de Obras de la Comisión Nacional de Energía 2010-2020 (conjunto de proyectos más rentables para las empresas ) y sus proyecciones; el cual según el Estudio del Centro de Cambio Global de la Universidad Católica[4] y la CEPAL incrementaría en 281% las emisiones de CO2 en el período 2009-2030, con los principales aportes de la matriz eléctrica y el trasporte. La conclusión evidente que presentan estos informes, en coincidencia absoluta con todos los estudios independientes sobre el desarrollo energético en el sector eléctrico chileno, es la total incoherencia entre en conjunto de proyectos más rentables para las empresas generadoras (que hoy dominan con complicidad estatal el Plan de Obras de nuestro futuro energético) y las necesidades y desafíos del desarrollo energético del país. Es por ello que en cada conflicto territorial asociado a los proyectos energéticos en curso, como en las negociaciones sobre la política energética, seguirá intensificándose la pugna entre los mezquinos intereses del monopólico negocio energético y los intereses de los ciudadanos que luchan por un desarrollo energético nacional justo, seguro y sustentable. Para los ciudadanos chilenos, los desafíos de la matriz eléctrica no constituyen un asunto sólo reservado a empresarios y técnicos, sino un reto claramente político para la sociedad en su conjunto. Todos estamos de acuerdo que, para los estándares de nuestra sociedad a nivel mundial, en general no estamos dispuestos a disminuir nuestro consumo de energía, por el contrario dependemos de ella desde los requerimientos más básicos domésticos, hasta en salud, esparcimiento y novedades tecnológicas, por esta razón debemos saber elegir dentro de todas las alternativas la más adecuada, la menos contaminante, la más segura y sustentable. Estas características óptimas de las diversas fuentes de energía están directamente relacionadas con su disponibilidad, con los distintos componentes del territorio donde será insertado el proyecto, incluyendo los desastres naturales históricos y con su población. Con el análisis de todos estos factores se podrá establecer los beneficios y riesgos que involucra cada una de las distintas alternativas. Si consideramos que uno de los puntos claves es la sustentabilidad, las fuentes diversas de energía se relacionan durante todas las etapas del proyecto que va desde la implementación hasta su etapa de cierre, con la evaluación de emisiones de diversos tipos de contaminantes que puedan constituir riesgo para el ser humano en forma directa o indirecta, con las rutas ambientales y las vías de ingreso de estos al ser humano. Por lo que para cualquier proyecto debe asegurar el estado de bienestar integral de la persona, físico, mental y social como derecho fundamental del individuo. Al analizar las distintas fuentes energéticas, impresiona que existan algunas más problemáticas y otras menos, pero su riesgo no solo se relaciona con el origen de la fuente de energía, sino con su relación con el territorio o ubicación espacial y con la población expuesta. Para las distintas matrices energéticas se establecen de distinto origen: Termoeléctricas a carbón, gas o petróleo cuyos potenciales riesgos se relacionan con la generación de contaminantes atmosféricos, así las a carbón generaran microparticulado con fracciones de metales pesados algunos de estos neurotóxicos y otros cancerígenos y gases irritantes como NOx, SOx, con efectos en vía respiratoria de acuerdo con las emisiones y condiciones topoclimaticas y su ubicación geográfica. Dependiendo del producto en combustión, tendremos mayores emisiones de estos contaminantes, como es el caso del carbón, cuyas emisiones serán de mayor complejidad con efectos tanto agudos como crónicos para los expuestos. Estas mismas termoeléctricas funcionando a gas serían menos contaminantes, pero igual contribuirían con la generación de gases de efecto invernadero. Para el caso de las que usan petróleo, dependiendo de la calidad del diesel -se generaran diferencias determinadas por los contenidos de azufre y metales pesados-, porque la calidad del combustible determina diferencias significativas en las emisiones y efectos en salud no solo humana sino que también en la biodiversidad, directamente relacionado con las concentraciones de exposición. Cualquiera sea el combustible que usen estas termoeléctricas generarán gases de efecto invernadero y contribuirán al calentamiento global con los impactos medioambientales y en agricultura asociados a diversos fenómenos de cambio climático, producción agrícola y cambios en el mapa de distribución de enfermedades. Las poblaciones en el entorno inmediato de las termoeléctricas aumentan el número de consultas por patologías respiratorias -tanto agudas como crónicas- y, dependiendo de sus emisiones históricas, contribuirán a la carga de metales pesados de estos individuos con diversos efectos crónicos principalmente en salud y relacionado con los niveles de exposición. Por esta razón es importante la elección de su ubicación espacial, que sean zonas ventiladas, con condiciones de topografía urbana que sean escasas o nulas para establecer rutas ambientales hacia las poblaciones y además mitigar las emisiones de las termoeléctricas, mediante inversiones tecnológicas como instalaciones de filtros de alta seguridad que garanticen a futuro su funcionamiento a lo menos en 50 años y, `por ende, reduzcan emisiones y disminuyan los impactos en salud y medio ambiente. Energía hidroeléctrica de mega centrales, por su tamaño involucran zonas extensas de inundaciones, erosión y expropiaciones lo que se suma al impacto visual generando la sensación de invalidez de las poblaciones afectadas, con sus efectos en salud mental. El diseño de ingeniería de estas megas centrales, debe considerar las fallas tectónicas ya que, según algunos geólogos, las cargas de fuerza que ejercen directa o indirectamente sobre la placa tectónica y sensibilidad de la litosfera con un magma activo cercano a la superficie, favorecería la inestabilidad sísmica en zonas cercanas al litoral, con los efectos tanto psíquicos como físicos que generan este tipo de desastres naturales. En otras situaciones se han asociado también a aluviones con efectos similares en salud relacionados con desastres naturales. Pero por otra parte son una forma eficiente de disminuir las emisiones de CO2, constituyendo beneficios económicos que deben ser traspasados a la población afectada. La energía hidroeléctrica de centrales de paso no necesitan una gran estructura, son el ideal pues no impactan gran territorio, tienen una mayor aceptabilidad por parte de las poblaciones pues no determinan inestabilidad psíquica, pero comparativamente con las mega centrales su producción de energía es limitada, por lo que se requiere replicarlas a lo largo del territorio. También contribuyen a disminuir las emisiones de CO2, pero en menor resultado. Las plantas nucleares son temidas por si solas, debido a las experiencias históricas de accidentes nucleares relacionados con los efectos directos en salud por una sobreexposición a radiación aguda (Síndrome de radiación aguda) que involucra quemaduras dérmicas y efectos hematológicos evidenciados a corto plazo o por sus efectos a largo plazo relacionados con mutaciones o alteraciones del DNA. Estos accidentes nucleares han sido consecuencia de situaciones tecnológicas o fenómenos naturales, que involucran en forma directa las poblaciones del entorno y la biodiversidad y en forma indirecta a grandes distancias del punto de emisión. Estas plantas podrían ser de alta seguridad si se considera en su construcción, los más altos estándares de seguridad y mantención, asociados a una evaluación previa de su ubicación espacial considerando los históricos de fenómenos naturales de a lo menos 50 años. Las plantas nucleares disminuyen significativamente las emisiones de CO2, no contaminan en condiciones de uso seguro y permanentemente controlados, por lo que requieren una monitorización y cumplimientos de normas internacionales de manera constante y responsable. Otras energías no convencionales como: Eólica requieren numerosas unidades y una ubicación estratégica en el territorio, por su permanente funcionamiento afectan la nidación de aves e impactan a las abejas al impedir su trayectoria de vuelo en un radio de 10 km. Esto afectaría directamente a la agricultura local, que debería desarrollar alternativas y manejo de cultivos para no impactar la producción de alimentos y su efecto en las poblaciones, por esta razón no puede comprometer grandes extensiones territoriales. No generan gases de efecto invernadero y por ende pueden generarse beneficios económicos en torno a la venta de bonos de carbono. Solar requieren numerosas unidades y, al igual que la eólica, una ubicación estratégica. Son efectivamente no contaminantes y no generan gases invernaderos, pero requieren grandes extensiones del territorio para dar respuesta a los requerimientos energéticos país; son una excelente solución para consumos locales. La conducción de esta energía hacia distintos puntos del país es un tema común a todas estas matrices energéticas. Para otorgar un servicio permanente y estar disponible para los diversos usuarios y requerimientos, se necesita la conducción mediante torres de alta tensión, cuyos efectos en salud se relacionan con las interferencias en población susceptible portadora de marcapasos. Por otra parte, la ubicación de estas torres resulta ser una decisión importante, pues si se ubican en rocas basales graníticas generaran gas Radón, compuesto que tiene elementos radioactivos de vida media corta, con efectos en salud directos en el pulmón como irritante y efectos crónicos asociados a cáncer pulmonar en exposición prolongada a través de agua contaminada o acumulación en casas desde el subsuelo. En resumen, cada vez que deban implementarse algunas de estas alternativas de matriz energética debemos considerar los aspectos de su proceso productivo, emisiones, ubicación espacial, los fenómenos naturales históricos de la zona y las poblaciones susceptibles de estar expuestas a los riesgos, y beneficios no solo energéticos sino también económicos. En este Post Ambiente el análisis de Gerardo Muñoz, Sara Larraín y Laura Börgel. EL POST
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