Armando Romero

Reportero Sin Frontera

PRESS

 

Me encontraba de paso por Colombia cuando callo abatido Pablo Escobar…la noticia estremeció a Colombia. El gobierno se felicitaba por la muerte, de un de los más grandes narcotraficantes del mundo. Su muerte hasta ahora ha sido un misterio, para algunos se suicido, para otro fue asesinado por un comando paramilitar.

A su funeral asistieron miles de humildes pobladores de Medellín, faltaron lo miles de políticos, empresarios que recibían a manos llenas, dineros del capo del cartel. Hoy su tumba es una de las más visitadas y siempre esta adornadas de flores.

Los crímenes cometidos por Pablo Escobar, conto con la complicidad de muchos influyentes políticos, empresarios y hombre de negocio. En el momento que el gobierno colombiano informaba mediáticamente de la conformación, de un grupo especial para su captura, negociaba con los poderosos del cartel. Así mismo se aliaba con grupos paramilitares de extrema derecha.

EE.UU proporcionaba todo el apoyo tecnológico para lograr su ubicación, agentes del FBI y la DEA actuaban en coordinación con la policía y el ejercito colombiano.

La oligarquía y la clase política colombiana, se unieron para acabar con la vida de Pablo Escobar…pensar en capturarlo vivo, estaba lejos de toda alternativa viable.

Hoy cuando la figura mediática de Pablo Escobar reporta millonarias ganancias a los poderosos de la cadena Caracol, la gente humilde no lo olvida, así mismo los familiares de las víctimas del accionar criminal del cartel de Medellín.

Las negociaciones con el gobierno, permitió su detención en una catedral construida para su propio uso personal. Conservando sus privilegios.

 

 

 

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Aún se conserva la garita que hacía las veces del primer retén. Por allí entraban los camiones de doble fondo con los visitantes autorizados por Pablo Escobar. Llegaban socios narcotraficantes, subalternos, familiares y prostitutas para entretener al ‘Patrón’ y a los ocho mantones que se entregaron con él, el 19 de junio de 1991, en medio de los árboles y la neblina del cerro La Paz, estaba la cárcel de La Catedral.

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La garita donde se hacía el primer retén para acceder a Pablo Escobar en La Catedral, en 1991, aún se conserva intacta.

Escobar calculó todo para su entrega. En 1989, dos años antes, pensando en una posible negociación con el Estado, el capo instruyó a su abogado, Guido Parra, para que acordara con el alcalde de Envigado la construcción de la cárcel en un terreno adquirido por él en el cerro de la Paz.

 El 22 de julio de 1992, cuando el general Pardo Ariza llegó con tropas desde Bogotá para tomar el control de La Catedral, no encontró sino el rastro de la huida por uno de los caminos que aún se conservan intactos entre las ruinas de La Catedral. Con él habían huido ‘Popeye’, ‘Arcángel’, ‘Angelito’, ‘Valentín’, ‘Palomo’, ‘Juan Garra’, ‘Juan Urquijo’, ‘Otoniel’ y ‘el Osito’. En el penal se quedaron ‘El Mugre’, ‘Tato Avendaño’ y ‘El Arete’.

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Por este camino que lo llevaba a El Retiro, se escapó el capo en julio de 1992.

El camino nacía en la parte alta de la finca donde terminaba el bunker subterráneo que edificó para defenderse de posibles ataques aéreos y al que solo entraban sus dos hombres de confianza: ‘el Limón’ y ‘Papocho’, los mismos que lo atendían en su habitación. En la entrada se conserva el ‘ojo’, un pequeño orificio porque vigilaban desde el interior a quienes se acercaban, así como el puente de acceso que atravesaba la quebrada que los proveía de agua.

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Al búnker sólo tenía acceso el círculo inmediato de Escobar.

La activa vida del penal ocurría alrededor de las oficinas y la cancha de futbol donde aterrizo el helicóptero que lo trajo junto con ‘el Mugre’ y ‘Otoniel’, con el Padre García Herreros como garante. Las oficinas estaban junto a la celda circular de Pablo Escobar, de la que se conserva el piso, con una amplia vista sobre la cordillera, el Valle de Aburrá y Medellín. A menos de trescientos metros corre aún el agua cristalina de una quebrada entre cerros, que se nutre de un grueso chorro que aprovechaban para bañarse, pero dicen, en los recuerdos fatídicos, que allí se lavaban ropas, utensilios y hasta armas para borrar las huellas de la sangre.

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Desde su celda se divisaba el Valle de Aburrá. La garita que protegía esta parte de la cárcel también se conserva.

En la cancha se realizaban los juicios que condujeron a decenas de asesinatos como el de sus socios Kico Moncada y el Negro Galeano que ocurrió en vísperas de la huida de Escobar y que significó el comienzo del fin del capo.

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En la cancha aterrizó el helicóptero con el padre Rafael García Herreros. Allí se realizaban los juicios que terminaban en torturas y asesinatos.

Esta sección de La Catedral estaba flanqueada por las celdas en las que permanecía la guardia personal de Escobar. Entre los acuerdos que hizo para su entrega fue la de lograr seleccionar con el alcalde de Envigado la mitad de los cuarenta guardianes. Debían ser antioqueños y generarle la confianza para que el capo y su gente pudieran moverse a su antojo.

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El municipio de Envigado le entregó a la comunidad Dominica el terreno para construir el Monasterio de Santa Gertrudis…los lugareños hablan de apariciones, de voces y gritos desgarradores en las noches.

En los intensos catorce meses en los que mantuvo el negocio del narcotráfico a sus anchas y sin las restricciones de la guerra. En diciembre de 1991 celebró el cumpleaños 42, junto a su esposa María Victoria Henao, entre música y comida típica y la navidad corrió por cuenta de su madre, doña Hermilda, quien le llevó de regalo un gorro ruso que había traído de Moscú en un viaje con sus amigas, para que soportara las frías noches del penal.

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Para las navidades de 1992, doña Hernilda, la madre del capo, le llevó este gorro ruso que utilizó para la única foto que se conoce de su tiempo en La Catedral.

Cuando Pablo Escobar se entregó, estaba preparado para permanecer, cómodo, al menos dos gobiernos, tal como se había comprometido con Alberto Villamizar en la última visita que le hizo a La Catedral antes de viajar como embajador a Holanda. Pero todo terminó por cuenta de la información que Rodolfo Ospina, alias ‘Chapulín’ y los llamados 12 del Patíbulo le entregaron al Fiscal Gustavo De Greiff sobre las irregularidades de La Catedral a raíz del asesinato de Mocada y Galeano. Pero Escobar no estaba dispuesto a dejarse controlar y el fantasma de la extradición apresuró aún más su fuga. El capo huyó con su familia, de escondite en escondite, durante catorce meses. El gobierno Gaviria no tenía opción distinta a recapturarlo o asesinarlo y armó con tal propósito un frente común con la policía nacional, el servicio de inteligencia de los Estados Unidos y el grupo irregular de Los Pepes comandados por Carlos Castaño y Don Berna. El 2 de diciembre de 1993 cayó muerto de varios disparos, con alias ‘Limón’ como único escudero, en una casa en el barrio Los Olivos, un día después el que el capo cumplía 44 años de edad.

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Pablo Escobar está enterrado en el cementerio Jardines de Montesacro, en Medellín.

 

 

La administración de César Gaviria se movió contra Escobar y los carteles de droga. Eventualmente, el gobierno negoció con Escobar, convenciéndolo de rendirse y cesar toda actividad criminal a cambio de una sentencia reducida y trato preferencial durante su captura. Después de declarar un cese a todas las series de actos violentos de terrorismo,  Escobar se rindió con la condición de no ser extraditado.

Antes de que Escobar se rindiera, la extradición de ciudadanos colombianos fue prohibida por la reciente aprobada Constitución de Colombia de 1991. Esto fue controversial, porque se sospechó que Escobar y otros señores de la droga habían influenciado a los miembros de la Asamblea Constituyente.

Desde la cárcel, Escobar siguió delinquiendo.  Los seguidores de Escobar continuaron las actividades criminales y empezaron a surgir en la superficie de los medios. Escobar trajo a los hermanos Moncada y Galeado a La Catedral y los asesinó porque el alegó que estuvieron robando al cártel. 

 

Su familia que pasó de vivir en palacios y mansiones a habitar un discreto apartamento y tener, como máximo lujo, una casa de campo a las afueras de Buenos Aires. Los hijos de Escobar dejaron de llamarse Juan Pablo y Manuela para convertirse en Sebastián y Juana Manuela Marroquin Santos, hijos no de María Victoria Henao sino de Isabel Santos. En 1999, cuando se descubrió que eran los legítimos  herederos del capo, la justicia argentina apresó a Victoria y a Juan Pablo durante 15 meses.

Las autoridades trataron de evidenciar actos ilegales durante su estadía en Argentina relacionados con lavado de activos, suplantación de identidades y hasta narcotráfico, pero nunca les pudieron comprobar delito alguno. Cinco fiscales pasaron por el caso, todos le dijeron lo mismo al famoso juez Cavalli: “aquí no hay nada”. Una vez liberados de toda acusación judicial, los Escobar reinició su vida con un dinero que el gobierno colombiano le dio a manera de indemnización por aquella guerra que había suscitado el narcotráfico. Porque de la herencia quedó poco. La familia fue obligada a reunirse con los líderes del grupo ‘Los Pepes’ (perseguidos por Pablo Escobar) y forzados a entregar cientos de propiedades que estaban a nombre del capo, a cambio de que ‘Los Pepes’ les perdonaran la vida. Lista en mano, fueron entregadas escrituras de casas, apartamentos, fincas, predios, carros y pinturas entre otros bienes de valor.

Hoy su hijo ha señalado las posibles causas de la muerte de su padre. Manuela la hija prefieres mantenerse en el total anonimato. Pablo Escobar fue un personaje que sembró el temor y amor entre los colombianos, su idiosincrasia esta cimentada en las historias de sus raíces familiares. Parte de   esa misma oligarquía que él criticaba, a la cual pertenecía desde su cuna.

 

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