Nace El FPMR

 

La Llegada de Los Comandantes

Entre julio y septiembre de 1983 ingresaron clandestinamente al país provenientes de Cuba, los primeros cinco "comandantes" que formarían el Frente Patriótico Manuel Rodriguez. El primero de ellos fue el oficial de origen mapuche Moisés Marilao, seguido por Raúl Pellegrin y otros tres que nunca fueron identificados. Su ingreso se gestó en el marco de una operación de traslado orquestada por la inteligencia cubana a través de varios países, como forma de borrar su salida de la isla.

Según Galvarino Apablaza, quien en esos momentos debió permanecer en Cuba, ellos fueron parte de una propuesta de diez nombres hecha a la dirección del PC para implementar su regreso a Chile; "Se decidió la incorporación de cinco de ellos, quienes comenzaron un período de preparación específica para adaptarse rápidamente a la situación política interna del país. Al frente del grupo iba José Miguel (Pellegrín) y lo acompañaban Moisés Marilao, Guaiqui, el Pope y el Mago", recuerda el ex líder frentista.

Atrás había quedado La Habana y la ceremonia en que Fidel Castro los despidió solemnemente. De ahora en adelante, la avanzada del "nuevo ejército para Chile" tendría que poner en práctica toda su formación como soldados profesionales en suelo chileno.

Los "comandantes" pasarían ahora a depender de la llamada "comisión militar" del PC. Presidida por el ex senador Jorge Montes, también la integraban los dirigentes de nombre político "Sebastián" y "Adrián" -ambos de la confianza de Gladys Marín-, además de algunos representantes de los "comandantes". Uno de ellos era Raúl Pellegrín.

Para desarrollar su lucha en Chile, el FPMR recurrió desde sus inicios a un financiamiento directo de La Habana. El apoyo era canalizado por el PC, que disponía de un ítem fijo que "no podía ser alterado por su dirigencia y pasaba directamente a las arcas del Frente", señala un ex dirigente. Gladys Marín dispuso que la canalización de este apoyo cubano al FPMR quedara en manos de "Sebastián", -que no era otro que Guillermo Teillier- designado como encargado militar del partido.

 

Sin embargo, los jerarcas del Partido muy pronto se dieron cuenta que los "comandantes" tenían sus propios contactos en Cuba. Por ello, no fue extraño que la sección cubana de Tropas Especiales comenzara a entenderse directamente con los frentistas poco después que éstos ingresaron a Chile. Más aún, el régimen de Castro los proveía de fondos que llegaban directamente a sus bolsillos, por lo que tempranamente el FPMR estuvo en condiciones de operar con apoyo cubano propio, aparte del que oficialmente recibía del Partido y sin que la colectividad fuera informada.

Su principal nexo en la isla era el general y jefe máximo de ese organismo, Alejandro Ronda Marrero, oficial de confianza de Fidel Castro. Ronda era el hombre encargado de satisfacer todas las necesidades del FPMR en Cuba. Gracias a su paso por Nicaragua -cuando era coronel- tenía una excelente relación con Raúl Pellegrín, el "Chele" y otros comandantes del Frente. Así, no fue extraño que el FPMR recibiera en Chile apoyo económico y militar de manos de este general cubano. Así se explica que varios "comandantes" se movieran en los sectores altos de Santiago y dispusieran de generosos ingresos para sus necesidades personales.

Quizás por ésta y otras razones, desde su irrupción en el país la cúpula del FPMR creció con escaso contacto político con las bases comunistas, que la percibían como una estructura cerrada, rodeada de dispositivos de seguridad propios de películas de espías. Semejaba un apéndice militar endosado a la fuerza al partido. "La dirigencia asumió al FPMR como un problema técnico que debía estar a cargo de los técnicos. Gente como Gladys Marín y Jorge Insunza nunca asumieron que el Frente debía supeditarse al partido", sostiene un ex miembro del comité central de esos años.

 

Estos primeros "comandantes" que llegaron a Chile habían pertenecido en La Habana a la elite revolucionaria, gozando de un estatus especial y conociendo de cerca los círculos de poder en torno a Fidel Castro. En Chile, en cambio, fueron recibidos por un partido clandestino, por lo que tuvieron enormes problemas para adaptarse a su nueva vida.

"Los ‘comandantes' no tenían una idea clara de lo que los esperaba en Chile", afirma un ex miembro del comité central del PC que compartió con ellos en La Habana días antes de que se embarcaran a Santiago. "Me preguntaban cómo era vivir en la clandestinidad y qué armas eran las más convenientes. Pensaban que la gente andaba parapetada detrás de los árboles o en los cerros, como en Nicaragua".

De acuerdo con este testigo, los ex oficiales no lograban comprender que portar un arma en Chile era más un riesgo que una protección, debido a los controles callejeros y al toque de queda; "Más que chilenos se habían convertido en hijos de los cubanos, cuya visión conspirativa de la política cae en el estereotipo de agentes que traspasan maletines secretos en hoteles de lujo".

Tampoco captaban que, más allá de la incipiente lucha contra Pinochet, el país vivía una rutina normal y hasta el más combativo militante hacía una vida cotidiana, mucho menos heroica de lo que se imaginaban. Imbuidos de una visión épica, a varios líderes del FPMR esta incomprensión les costaría la vida.

Según fuentes rodriguistas, los militantes que en ese momento llegaban del extranjero tenían prioridad para ocupar puestos de relevancia en la organización, a pesar que algunos no tuvieran el conocimiento político necesario; "La selección y ubicación de las comandancias dependió en primer lugar del grado de preparación militar. De acuerdo a esto, se asumió que quienes recibieron formación en el exterior contaban con un alto nivel de preparación y experiencia. Por tanto, se decidió incorporarlos al interior (Chile) asignándoles las principales responsabilidades, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos llevaba largos años fuera de la patria, tenían una limitada experiencia política y la nueva realidad a enfrentar requería de una necesaria etapa de adaptación. Al no existir este proceso, se cayó constantemente en una aplicación demasiado mecanizada de conocimientos y experiencias, lo que limitó el aporte y, al mismo tiempo, generó resentimientos y aprensiones en otros cuadros".

 

A la usanza de los aparatos operativos de Fidel Castro, algunos "comandantes" del FPMR vestían ropas deportivas, usaban relojes Rólex y establecieron la costumbre de reunirse en el Tavelli de Providencia, establecimiento al que irían incluso en los días posteriores al asesinato de Jaime Guzmán, cuando el cerco sobre ellos se hizo más estrecho.

"No se asimilaban con el obrero y poblador comunista promedio", sentencia un ex dirigente del PC, quien menciona una anécdota de inicios de 1984: una miembro del aparato médico del FPMR quedó muy impresionada cuando un "comandante" la invitó a almorzar a un elegante restaurante de calle Lyon. El frentista gastó 20 mil pesos de la época. Molesta por el derroche, la doctora no probó bocado e hizo ver su disgusto a las autoridades del PC.

El FPMR nació en Chile provisto de amplia independencia, presupuesto propio y una manera de pensar distinta a la de la dirigencia comunista. Antes de que sus aguerridos combatientes dispararan una sola bala en Chile, todo estaba dispuesto para que el aparato militar del PC se saliera de sus cauces.

El fallecido ex senador Orlando Millas, quien conoció a varios de estos "comandantes" en su paso por Nicaragua, escribió sobre ellos en sus memorias; "Un gusto amargo me hace sentir que los conducimos a quemarse en Chile en batallas imposibles. Eso no era responsabilidad de ellos y no podemos culparlos de que, como las flechas lanzadas por un arco, hayan seguido con firmeza sus trayectorias. En cualquier desarrollo que hubiesen tenido sus vidas, hubiesen sobresalido. Así como demostraron tener gran coraje, pasta de héroes, les sobraba igualmente el talento y la sensibilidad".

 

Nace El FPMR

Para la dirigencia del PC, la llegada de este grupo de comandantes significaba el punto de partida de su anhelada insurrección armada. Era hora de montar un grupo de alta capacidad combativa que se trasformara en el brazo armado del pueblo.

Aunque los comunistas habían tenido una experiencia previa con el denominado "Frente Cero", este intento no había prosperado debido a las febles medidas de seguridad adoptadas y la poca experiencia con que contaban sus militantes, siendo el grupo prontamente infiltrado y desbaratado por los militares. A pesar de ello la experiencia fue evaluada como positiva y muchos de esos militantes terminarían más tarde integrándose al FPMR.

"El Frente Cero nunca realizó apagones a nivel nacional, ni acciones armadas de envergadura, pero fue el embrión del FPMR", sostiene "Víctor", un ex frentista.

Ya en febrero de 1983, y luego de una serie de atentados explosivos en la quinta región, que incluso interrumpieron la noche final del Festival de Viña del Mar, una voz telefónica dio a conocer la existencia de otras bombas en diversos hoteles de la ciudad y mencionó, por primera vez, como autor de tales actos a un supuesto "Comando Manuel Rodríguez". Ese nombre había sido ideado por el "Frente Cero".

 

Otros antecedentes sobre el origen del nombre de la organización indican que después de la llegada de Raúl Pellegrín a Chile, en la comisión militar apareció el nombre de Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Se dice que el "comandante José Miguel" llegó ante sus subordinados con el nombre, uno o dos meses antes de la fundación oficial.

En lo político, antes de ingresar al país, "José Miguel" venía con la misión a implementar ya definida por la comisión militar del PC y contaba con diversas variantes para su estructuración. Desde entonces estaba clara la separación en el funcionamiento del FPMR, que aparecería públicamente como independiente y sin relación alguna con el PC.

Asi el pequeño grupo de comandantes, más algunos destacados combatientes forjados en el país, fueron designados a las principales jefaturas de trabajo recién creadas. Según Guillermo Teillier en su libro "El Año Decisivo" la primera Dirección Nacional del FPMR quedo sancionada en una reunión realizada en una casa del paradero 14 de Avenida La Florida, y fue conformada por tres comandantes, además de Raúl Pellegrin, el indiscutido número uno ante la permanencia de Galvarino Apablaza en Cuba.

 

Otros grupos de jóvenes y no tan jóvenes de las principales ciudades integrarían las primeras unidades o grupos de combate y principalmente la logística del FPMR. En Santiago comenzaron con apenas 6 pequeñas unidades de combate divididos en dos zonas, dos o tres grupos en Valparaíso e igual cantidad en Concepción.

Todos los antecedentes indican que esta primera estructura del FPMR estuvo en condiciones de operar en Chile a fines de septiembre de 1983. Su creación aumentó significativamente el poder de fuego de la incipiente rebelión del PC. De hecho, entre ese mes y octubre del año siguiente se registró la cifra récord de 1.889 acciones desestabilizadoras, algunas de una envergadura técnica muy superior a las que hasta entonces había realizado la militancia comunista.

Meses más tarde ya estaba armada una estructura de apoyo de armamento y medios materiales. En esos meses se siguieron realizando acciones combativas menores, aunque casi ninguna tuvo repercusión, ni se publicó en medio alguno.

Una vez consolidada la primera Dirección Nacional, el Frente comenzó a trabajar intensamente en una gran operación que repercutiera en todo el país. Esa operación se realizó el 14 de diciembre de 1983, con un gran "apagón" en las principales ciudades del país. Desde entonces los rodriguistas señalan ésta como la fecha de fundación oficial del FPMR.

Prensa de la época

Uno de los frentistas que participó en esa acción desestabilizadora entregó años más tarde, para la publicación "El Rodriguista", una detallada narración de aquel primer golpe oficial del FPMR en Chile:

"Esa tarde pasamos con Bernardo recogiendo en distintos puntos de Santiago a los miembros de nuestro grupo y partimos en el viejo Fíat rumbo al norte de la ciudad. Cuando empezaba a oscurecer, ya estabamos saliendo por la ruta que va a Los Andes. Bernardo empezó a hablar con una solemnidad que no habíamos asumido hasta ese momento entre nosotros; «Compañeros, ésta es una operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. El Frente se ha organizado para respaldar la lucha de nuestro pueblo contra una la dictadura y esta será la primera acción en esta fase de la lucha."

 

 

"Nuestra misión consiste en volar una torre de alta tensión correspondiente al tendido que corre paralelo a este camino. Es una acción entre varias similares que se efectúan simultáneamente en varios lugares de la región y del país. La hora operativa será 22:30. La simultaneidad de las acciones logrará un apagón en todo el territorio nacional».

"El grupo lo componíamos tres hombres y una mujer, jóvenes en aparente búsqueda de algún restaurante en la afuera de la ciudad donde cenar tranquilos. Próximos a nuestro objetivo, detuve el auto y bajaron los tres compañeros perdiéndose entre los matorrales cerro arriba, envueltos por la oscuridad que ya había caído. La exploración y los preparativos los veníamos haciendo desde algunos días, entre Bernardo y yo. Él había tomado la decisión en cuanto a la selección del objetivo y la idea operativa. Los materiales fueron proporcionados por una estructura logística que venía funcionando con bastante eficacia desde hacía un tiempo. Mientras los tres subían el cerro y se daban maña para cruzar un canal de regadío, continué la marcha en el auto. Hice la hora en la ruta, metí el vehículo a una bomba de bencina, revisé el motor, puse gasolina y emprendí el regreso en busca del resto del grupo. Poco más abajo del sitio en que descendieron los compañeros, un hombre y una mujer joven caminaban por la carretera, me hicieron dedo. Los hice subir y poco más abajo del camino, hizo dedo Bernardo. Venían mojados porque tuvieron que meterse al agua irremediablemente. Por fortuna casi estabamos en verano".

 

"Emprendimos el regreso tranquilamente hacia la ciudad. El mecanismo de explosión para las cargas instaladas en la torre, había quedado activado para estallar a la 22:30 hrs. Cuando recorríamos las calles del centro, cruzando hacia el sector sur, comenzaron a apagarse las luminarias de las calles y se oscurecieron las casas. Mientras avanzábamos algunas calles volvían a iluminarse. De pronto nuevamente todo quedó a oscuras. Llegamos a un barrio residencial al momento en que volvía la luz a las calles y ventanas de las casas. Sabía que lo mismo estaba ocurriendo en diversos lugares de Chile. Después de ponernos de acuerdo para nuestros próximos contactos, Bernardo y los demás bajaron del auto. Yo conduje el fíat buscando un teléfono público. Estacioné, cerré el auto y caminé hasta la cabina telefónica. De un bolsillo saque un papel donde había anotado el número telefónico de una radioemisora independiente del control dictatorial y contestó una voz de hombre. «Escuche con atención -dije en tono perentorio- las acciones de sabotaje que ocasionaron las caídas de las torres de alta tensión causando este apagón, corresponden a una operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Hemos comenzado una campaña de acciones combativas para ayudar a terminar con la dictadura de Pinochet. Este es el comienzo de un nuevo periodo en la lucha por la libertad de Chile». Colgué sin esperar respuesta. Caminando hacia el auto, temblaba de emoción y orgullo".

Junto al apagón nacional, el Frente también realizó ese día acciones de sabotaje a la banca y a las instituciones financieras y el día 16 fue tomada la radio Carrera, donde se reivindicaron las acciones y se emitió una proclama que planteaba claramente los objetivos de la organización; "Aspiramos hoy a terminar de una vez con Pinochet, su régimen y su secuela de hambre, miseria y represión. La lucha emprendida por el pueblo continuará hasta la consecución de estos objetivos. Antes que estos se concreten, no habrá paz ni tregua. El FPMR ha llegado a la conclusión que a la dictadura sólo será posible derrotarla haciendo uso de todas las formas de lucha, incluida la armada".

 

 

Arriba Los Fusiles

Pese a la limitada autonomía que le imponía su carácter de "Aparato", muy pronto el FPMR se convirtió en figura central en la lucha contra la dictadura. Las condiciones objetivas en que se desarrollaban los acontecimientos en esa época hizo que miles de hombres y mujeres se sintieran identificados con su accionar. Jóvenes de todas las edades, con y sin partidos, estaban dispuestos a combatir con las armas en la mano.

Un escrito frentista de hace algunos años ratifica que el surgimiento del FPMR se produjo en un momento de profunda crisis social en el país; "En Chile comenzó a encarnarse la política de rebelión popular y surgieron las protestas contra los allanamientos y las humillaciones. Entonces las mujeres, los hombres y los jóvenes salian a la calle con ánimo combativo, aunque después de la primera y la segunda protesta, a la que sucedio la represión feroz, el pueblo no estaba dispuesto a exponerse tan fácilmente. Pero los impulsaba un nuevo ánimo al ver que era posible dar golpes a la dictadura. Y alli El Frente Patriótico cumplió su papel. Pero estas luchas populares contra la dictadura jamás se concibieron como una guerra contra el ejército chileno. No era la guerra de Nicaragua. Sí pensamos en acciones que pudieran dar confianza a la masa. Conjugar la audacia con la astucia, salir con una proclama en una radio, lograr prolongados apagones coordinados con los cacerolazos, y poner en ridículo a las fuerzas de seguridad y al propio gobierno. Más que propaganda armada, se realizaba propaganda audaz".

 

 

Guiado por los cinco "comandantes" entrenados en La Habana y robustecido con las siguientes oleadas de oficiales que llegarían más tarde -así como por los "mandos medios" entrenados en la isla entre 1980 y 1982- en los años siguientes el FPMR estrenaría prácticas hasta ese entonces desconocidas en Chile.

Como el más poderoso grupo subversivo en la historia del país, el FPMR patentó los ataques a cuarteles policiales, los secuestros selectivos, las tomas de radioemisoras, los rescates armados y las bombas accionadas a distancia. Esto último, a la usanza de los subversivos libaneses, vascos e irlandeses.

Así, el 19 de julio de 1984 un grupo de frentistas atacó un cuartel de la CNI en Providencia, donde fueron repelidos por los agentes. El 26 del mismo mes otro comando ataco un bus de carabineros en la comuna de Pudahuel, donde resultó muerto uno de los uniformados.

El 4 de noviembre de ese año, el FPMR atacó el cuartel de carabineros de La Cisterna. Distribuidos en cuatro grupos operativos, los frentistas enfrentaron a los uniformados en un tiroteo que duro 15 minutos, durante el cual incluso intentaron ingresar al recinto. En el enfrentamiento murieron dos oficiales de la policía.

 

 

Un mes más tarde, nuevamente el objetivo fue carabineros. El 6 de diciembre la tenencia Santa Adriana, en San Miguel fue atacada por un grupo de rodriguistas, los que en su escape dejaron una nueva victima fatal entre los uniformados.

A este tipo de acciones se sumaban las operaciones espectaculares. Una de ellas fue sin duda, el rescate de Fernando Larenas Seguel desde una clínica del sector alto de Santiago. Larenas, un fogueado frentista, estaba involucrado entre otros casos, en el secuestro del menor Gonzalo Cruzat. En el marco de la investigación de ese caso fue identificado por la CNI, quienes se abocaron de inmediato a su captura, siendo interceptado en la vía pública el 20 de octubre de 1984. Larenas intentó oponerse a su detención, dando lugar a un crudo enfrentamiento en el que el frentista resultó con un impacto de proyectil en su cabeza.

 

Según un periodico de la época, éste disparo "lo dejó de por vida en estado semivegetal, incluso, el magistrado al someterlo a interrogatorio comprobó que era inútil intentar algo coordinado o cuerdo con él". Debido a su delicado estado de salud, y a que en lo inmediato no podría aportar mucho a la investigación, los tribunales habían autorizado su internación en la clinica particular ‘Las Nieves' ubicada en el paradero 10 de Gran Avenida.

El 1 de junio de 1985 cinco individuos vestidos de terno y corbata, simulando ser agentes de la CNI, ingresaron a la clínica y luego de un breve tiroteo en donde falleció uno de los gendarmes que custodiaba a Larenas, el frentista fue rescatado del lugar. Luego de la operación, Larenas fue conducido a una casa de seguridad, desde donde semanas más tarde fue sacado con rumbo a Europa.

 

El grupo de rescate estuvo a cargo de Ignacio Valenzuela Pohorecky, el "comandante Benito", y lo integraban además Mauricio Hernández Norambuena, "Ramiro", Patricio Leonel González, "César", y otros dos rodriguistas que nunca fueron identificados.

Estos y otros hechos hicieron que entre 1984 y 1985 el FPMR viviera sus años de auge; bombazos, asaltos, y la lucha callejera de las protestas nacionales expandieron el cuadro a las denominadas "Milicias Rodriguistas".

Entrevista a dos comandantes del FPMR en 1985

También bajo la dirección del Frente se organizó una fuerza operativa mapuche, que surgió como una nueva organización: Leftraru. Su base la componían cuadros rodriguistas mapuches y otros combatientes del FPMR. Si bien es cierto estas fuerzas operaron, estuvieron lejos de ser la organización que permitiera la incorporación de este pueblo a la lucha.

 

 

 

 

Escuelas de instrucción del FPMR

Las Relaciones con el PC

 

 

A pesar de la auspiciosa aparición del FPMR bajo el alero del PC en el escenario de la lucha contra la dictadura , cada vez se hacía más evidente que los "comandantes" liderados por "José Miguel" tenían una sicología completamente ajena a la cúpula comunista. Lejos de captar el peligro que esta distancia encerraba, la dirigencia del partido cometió un error que le costaría caro: como no comprendía su pensamiento militar, le entregó al Frente una libertad de acción casi completa.

Todo ello a pesar de que el Partido era el principal proveedor de combatientes con los que contaba el FPMR. Un ex frentista confirma sobre el origen de sus militantes; "Los cuadros del Frente provenían generalmente del PC. Estaban los que se habían formado en el exterior y aquellos que lo habían hecho en Chile, fundamentalmente en el trabajo militar de masas del Partido y más tarde en las Milicias Rodriguistas. El PC fue el elemento de control que garantizaba una calidad ideológica y moral de quienes ingresaban al FPMR, disminuyendo las posibilidades de infiltración enemiga".

Sin embargo, el mismo testigo afirma que a la hora de proveer al FPMR de militantes, los dirigentes del PC no realizaron una selección adecuada para la política del grupo; "El hecho de que se diera prioridad a los criterios técnicos repercutió en la formación e incorporación de estos cuadros al Frente. El Partido comenzó a traspasar al FPMR a aquellos compañeros que resultaban conflictivos, ya fuera por su carácter impulsivo o por enfrentar problemas de seguridad, siendo la mayoría de ellos relativamente nuevos en su militancia. Se convirtió en un asunto de cantidad y no de calidad. Ellos asumieron al FPMR únicamente como un problema de fierros. El PC no destinó al Frente a ninguno de sus cuadros dirigentes, ni los más experimentados en la lucha política para que contribuyeran así a su desarrollo".

Respecto a la cantidad, según un ex frentista formado en La Habana, el FPMR en su momento de mayor poder llegó a contar con 400 hombres. Otro cálculo lo entrega un documento desclasificado de los archivos del Partido Socialista Unificado Alemán de la ex RDA, el 24 de enero de 1985: Eric Honecker fue informado que el FPMR "tiene 500 unidades de combate con una fuerza total de hombres de 1500 hombres, organizados en 46 unidades. El Frente Patriótico tiene una estructura independiente, aunque sus actividades están directamente subordinadas a la dirección del partido".

 

 

Una tercera versión proviene de un informe desclasificado del Departamento de Estado norteamericano, fechado en mayo de 1988: "el FPMR tiene entre 1.000 y 1.500 miembros".

En cuanto a planes conjuntos, ya en 1985 en un pleno del PC, ambos grupos hacían una descripción alucinada de lo que sería el enfrentamiento decisivo contra el régimen militar en el marco de su estrategia denominada "Sublevación Nacional".

En este informe, frentistas y comunistas veían como necesario; "...un levantamiento general del pueblo, en el curso de una jornada nacional de protesta que inmovilice al país entero... que involucre a toda la población, a la mayor parte de las fuerzas políticas y sociales y ojalá también a parte de las Fuerzas Armadas que están contra la dictadura."

La operación descrita fue denominada el "Asalto a Santiago" y se produciría con ocasión de una de las protestas populares. Según el plan del FPMR esta acción "...se convertiría en el acto central de la Sublevación Nacional. La voladura del puente sobre el Río Maipú aislaría a la ciudad por el Sur, los puentes sobre el Mapocho serían dinamitados para bloquear el Norte y una flota de camiones distribuiría armas en poblaciones del Sur y el Poniente. Los grupos armados debían constituirse en columnas y avanzar sobre el centro, para tomar La Moneda, aislando con barricadas y explosivos a las unidades militares de la capital".

Pese a todo, este proyecto de Sublevación Nacional fue congelado y solo fue retomado a mediados de 1988, en la denominada Guerra Patriótica Nacional.

 

Las Redes Internacionales

Desde sus inicios, el FPMR y la dirigencia del PC se dedicaron a montar estructuras de apoyo logístico en casi toda Sudamérica. Se trataba de eslabones básicos para canalizar la ayuda cubana a la resistencia antipinochetista. Sao Paulo y Buenos Aires llegaron a ser plazas claves, dado el intenso tráfico aéreo de sus aeropuertos y la numerosa colonia chilena de exiliados residente.

En Buenos Aires, la embajada cubana canalizaba el grueso de su ayuda a la resistencia antipinochetista, a través de su encargado del Departamento América, quien proveía de dinero y documentación falsa a los subversivos que llegaban procedentes o en ruta hacia Santiago. Casas de seguridad y una oficina de fachada del PC chileno en pleno centro de Buenos Aires, completaban la red.

Por años, Claudio Molina Donoso, "El Rucio", fue el enlace del FPMR en Buenos Aires. Molina estuvo a cargo del equipo de tierra durante el desembarco de armas de Carrizal Bajo. Al andamiaje trasandino del FPMR se unieron en la segunda mitad de los '80 barretines y pequeños centros de entrenamiento en localidades del interior. Gracias a esto, en 1986 el aparato pudo subsanar en parte la debacle de Carrizal mediante el ingreso de armas a través de pasos en la Cordillera de Los Andes. Uno de los más grandes ingresos ocurrió a fines de ese año, a la altura de Bariloche.

 

Aunque de menor importancia, otra plaza del FPMR era Montevideo. En la capital uruguaya el apoyo se dirigía a través de una oficina de fachada comercial, en un tradicional barrio charrúa. Los frentistas contaban con el apoyo de cuadros tupamaros, famosos por su preparación.

Otro punto donde los frentistas también operaron, aunque en menor escala, fue en la zona de la frontera tripartita de Paraguay, Brasil y Argentina, famosa por su contrabando. Según un frentista hoy retirado, el paso clandestino por tierra entre Brasil y Argentina se realizaba por esa área. "En la parte brasileña se podía adquirir incluso armamento, ya que los cubanos eran reacios a entregarnos fusiles AKM o Kalashnnikov", rememora.

Esta ultima afirmación es desmentida por un informe desclasificado del Partido Socialista alemán, fechado en 1985, el que afirma; "En el último tiempo, el Frente Patriótico ha logrado por sí mismo asegurar los transportes de armas que llegan vía Brasil, Argentina y Bolivia. Pero los cubanos siguen prestando una gran ayuda".

 

Alfredo Malbrich, unos de los principales encargados del área armamentista del FPMR, reveló bajo fuertes apremios, luego de ser detenido en 1986 por el caso Carrizal, algunos detalles de éstas operaciones; "A principios de 1984, viaje a Bolivia y me reuní con Jorge, que era el encargado de enviar los vehículos embarretinados a Chile. Recuerdo que llegó un Subaru 4 puertas con patente boliviana en el cual venían 2 subametralladoras, varias pistolas y un fusil. Al día siguiente, traslade el vehículo hasta V. Mackenna con Departamental. Las armas iban en el portamaletas. Allí me entrevisté con Jorge y le llevé además información política y vimos el problema de las comunicaciones para los próximos envíos de armas. La información política me la daba Pedro (Orlando Bahamonde), quien era mi jefe. La documentación la embarretinaba en carpetas. Debo aclarar que Pedro era de la Dirección Nacional del Frente, aunque yo ignoraba el cargo. El me daba los enlaces para las operaciones siguientes. Durante el resto del año se realizaron 3 viajes más en fechas que no recuerdo, siempre trayendo diferentes tipos de armamento y dinero. En uno de mis viajes a Bolivia, realizó un punto con Jorge y José Luis, que era jefe de Jorge. Este me lo presentó Pedro. Debo declarar que Jorge enviaba embarretinado dinero; es así como en una oportunidad vi que venían US$ 30.000 mil dólares. Esta armas y dinero estaba previamente acordado con Jorge, que era el que tenía los contactos como conseguirse el armamento con otros países. Le entregué un informe oral y él me da un punto en Argentina, en la ciudad de Buenos Aires. A las semanas después realizo un punto en el obelisco de Buenos Aires con José Luis, de 26 a 28 años, alto atlético, tez blanca, pelo castaño, con barba, aspecto de profesional joven. Planificamos la utilización de una ruta circular entre Perú y Argentina, para eludir poscontroles y como medida de seguridad. Fue así como se hicieron otros 2 ó 3 viajes por esta ruta, viajando en cada oportunidad un sólo vehículo. Viajé en reiteradas ocasiones a reunirme con José Luis en Buenos Aires. Él me entregaba diferentes documentos políticos, los cuales venían embarretinados y los entregaba a Pedro en Santiago. También se planteaba entonces la idea de embarretinar vehículos con armamento que salieran desde Argentina".

 

 

Respecto a la participación de la RDA en la insurrección chilena, un episodio desconocido hasta hoy revela que en 1984 se instaló en Berlín una oficina clandestina de apoyo logístico al FPMR. Gracias a la participación de técnicos chilenos y al alto nivel de industrialización de la RDA, en esa oficina comenzaron a recopilarse fondos, explosivos y armas captadas en terceros países, a fin de solventar las necesidades del grupo armado, que ya había iniciado sus acciones en Chile.

La oficina logística ubicó sus instalaciones en la Bornholmer Strasse, una calle del tradicional barrio de Prenzlauer Berg, en Berlín Oriental, a pocas cuadras del muro. Supervisada estrechamente por funcionarios alemanes y liderados por el físico comunista Alan Cabrera, la veintena de técnicos chilenos que allí trabajaba -todos militantes del PC- no podían informar de sus actividades de apoyo al FPMR a otros camaradas de partido. Ni siquiera el Comité Chile Antifascista -la instancia que aglutinaba a los partidos de la UP en el exilio- sabía de la existencia de esta oficina.

 

Alentado por los funcionarios alemanes, este secretismo tenía una razón de peso: el gobierno de Honecker había instalado por esos días una oficina de negocios en Santiago. No podía filtrarse que la RDA era, al mismo tiempo que interlocutora comercial de Pinochet, el más importante proveedor de tecnología del FPMR.

Pronto, la misteriosa oficina en Prenzlauer Berg se convirtió en una pieza esencial del andamiaje que sostenía al Frente.Hasta ahí llegaban dineros provenientes de países árabes, arsenales médicos de Hungría y partidas de explosivo plástico de alto poder T-4, fabricado en Checoslovaquia y del cual se encontraron 124 kilos en Carrizal Bajo. Según un militante en este último país llegó a establecerse una oficina similar, en una villa militar ubicada en las afueras de Praga. "Pero la logística del FPMR estaba en la RDA, acá en Berlín, donde llegaban todas las cosas que necesitábamos".

Altos dirigentes rodriguistas, como los comandantes "José Miguel" y "Ramiro", viajaron en más de una ocasión hasta la oficina de Prenzlauer Berg para entrevistarse con sus responsables. "Otro de los que llegó una vez fue un dirigente de nombre "Sebastián", que venía de Moscú", recuerda "Miguel". Todos estos sigilosos viajes incluían escalas en Buenos Aires, Praga y Frankfurt, lugares donde el FPMR tenía pequeñas estructuras para atender a sus hombres. En Frankfurt, por ejemplo, existía una casa de seguridad. Varios frentistas se hospedaron en ese inmueble, entre ellos Fernando Larenas Seguel, el frentista rescatado a sangre y fuego desde la clínica Las Nieves.

 

Los Secuestros Selectivos

Con el objetivo de reforzar su presencia en los medios de comunicación y como un método para financiar sus actividades, el FPMR habría de implementar en Chile una nueva modalidad subversiva; los secuestros selectivos.

El brazo armado del Partido Comunista impactó fuertemente al país por la audacia de sus operaciones y la incapacidad de las autoridades por capturar a los secuestradores y liberar a sus rehenes. Hubo cuatro de ellos cuyos resultados fueron una auténtica burla a la capacidad de las policías y los organismos de seguridad de la época.

El primero se produjo el 11 de abril de 1984, e involucro al menor Gonzalo Cruzat, de 11 años, hijo del empresario Manuel Cruzat. El menor fue raptado cuando esperaba el bus que lo llevaría hasta su colegio. En ese momento tres individuos, mas tarde identificados como Claudio Molina Donoso, Fernando Larenas Seguel y Francisco Peña Riveros, lo tomaron por la fuerza y lo trasladaron a un vehículo en marcha. Gonzalo fue liberado sano y salvo cuatro días después, previo pago de 20 millones de pesos.

 

El secuestro se mantuvo bajo un gran hermetismo, a tal punto que el hecho fue informado a la prensa solo cinco días después, cuando fue liberado. El manejo de la situación fue llevado por la propia familia, que negoció con los secuestradores, atemorizados por la amenaza de éstos de matar al niño. La expectación del caso fue tal, que hasta el propio Augusto Pinochet definió el hecho como "gravísimo", poniendo al FPMR en la mira del gobierno.

En las diligencias posteriores tuvo un importante aporte y colaboración, pese a sus cortos años, el propio Gonzalo Cruzat, quien con mucha prestancia participó en las ruedas de reconocimiento de sus captores y pudo individualizarlos.

 

La noche del 18 de diciembre de 1984, el FPMR decidió secuestrar al subdirector del diario La Nación, Sebastián Bertolone, cuando este llegaba a su hogar en la comuna de Ñuñoa, junto a su esposa, Ximena Barrales, y su hija de 5 años. Sin embargo, su esposa y su hija fueron liberadas momentos después en la población Jaime Eyzaguirre de Macul.

En su prisa por escapar, los frentistas dejaron en el lugar un bolso que contenía una ametralladora de origen checoslovaco con 155 tiros, un libro con el registro de las actividades diarias de sus rehenes, así como dibujos de su casa y las de sus vecinos. También se encontró un mapa de toda la zona incluyendo los semáforos y su duración. Por lo mismo, no pocos pensaron en un montaje. Al día siguiente, la esposa de Bertolone recibió un llamado del Frente para decirle que le harían llegar un comunicado con sus demandas.

 

 

 

 

Sebastián Bertolone en poder del FPMR

El periodista permaneció la mayor parte del tiempo con los ojos vendados y nunca supo en qué lugar se encontraba. En un principio temió por su vida, pero se tranquilizó por el trato "deferente y cordial" que le dieron los secuestradores. El objetivo de su captura, una vez más, era que distintos medios escritos de la capital difundieran sus proclamas.

Liberado en la noche del 25 de diciembre en el barrio matadero, Bertolone rápidamente se dirigió a una parroquia cercana y les pidió a dos sacerdotes que lo condujeran al domicilio del entonces Arzobispo de Santiago, monseñor Juan Francisco Fresno, quien había abogado públicamente por el fin de su cautiverio. Recién en la residencia del prelado, llamó a su familia para informarle de su liberación.

A partir de 1986 el FPMR se dedico a secuestrar uniformados. La mañana del 8 de abril de ese año, el cabo de carabineros Germán Obando Rodríguez salió de su casa sin su revólver, el cual había olvidado en la escuela de oficiales de la institución. Sin saberlo, este hecho le salvó la vida.

A las 7 de la mañana, en la esquina de Santa Zita con Pichidangui, en Las Condes -a pocas cuadras de su domicilio- una camioneta lo interceptó y tres frentistas armados se bajaron de ella. El cabo había tenido la sospecha que algo extraño podría sucederle, ya que en las últimas semanas había visto pasar, siempre a la misma hora, un vehículo parecido al que ahora lo obligaban a abordar. Por algunos minutos intentó luchar con sus captores, hasta que el chofer de la camioneta lo golpeó con un elemento metálico en la cabeza.

En el vehículo, los frentistas le colocaron una capucha, lo esposaron y le preguntaron por su arma. Obando les contestó que no la tenía. "Te salvaste por eso", le respondieron: a poca distancia un integrante del grupo lo apuntaba con una ametralladora y tenía la orden de abrir fuego si notaba que Obando intentaba sacar su revólver.

 

El carabinero no sabía a qué lugar se dirigían. Cuando lo hicieron bajar unas escaleras comprendió que lo estaban llevando a un subterráneo. Ahí lo mantuvieron durante tres días con la luz apagada, para que no contara los días, y recostado sobre una colchoneta con los pies y manos amarradas.

"No vas a salir con vida de ésta", le repetían los secuestradores durante los interrogatorios. La idea de los frentistas era enterarse de cómo estaba operando Carabineros para detener a los movimientos subversivos que actuaban en la capital, pero por su rango el cabo no manejaba esa información y así se los hizo saber. Luego de tres días, convencidos de que no obtendrían la información, decidieron liberarlo, no sin antes cumplir una misión: leer una carta con consignas del FPMR en Radio Chilena. Lo subieron en la camioneta y lo dejaron entre la Villa Portales y la Escuela de Aeronáutica. Al soltarlo, le advirtieron que no se sacara la capucha ni intentara desamarrarse las manos antes de media hora. Obando esperó cerca de 45 minutos, pues temía que lo estuvieran vigilando. Vestido con un buzo y descalzo, tomó un taxi y se dirigió a la radio, pero se atrevió a desobedecer y dejó la carta con la secretaria, dirigiéndose en cambio a la Escuela de Carabineros.

 

 

El 18 de agosto de 1986 mientras sacaba el auto para ir a dejar a su hijo al colegio, el entonces jefe de Protocolo de la Guarnición de Santiago, coronel Mario Haberle Rivadeneira, se convirtió en el primer militar plagiado por el FPMR. Encañonado por seis frentistas que actuaron a rostro descubierto, su impresión fue tal, que al darse vuelta para mirar al niño sólo atinó a gritarle que volviera a la casa. Con gran rapidez, fue sacado del vehículo, amordazado y ocultado en el portamaletas de un Opala que se alejó velozmente de lugar.

Encerrado en una carpa al interior de una pieza, recibió duros tratos por parte de sus plagiadores, quienes incluso le dispararon con un arma vacía. Durante 72 horas vivió momentos muy duros e incluso llegó a pedirles a sus secuestradores que lo dejaran en libertad o lo mataran. Desconcertada, la familia recibía información muy difusa, debido a la descoordinación entre las policías. Tanto, que la autoría del FPMR sólo se pudo determinar por una fotografía que éstos dejaron en un basurero donde aparecían junto al uniformado, y no por las pesquisas realizadas en ese momento. De hecho, la familia señala que jamás se les entregó una respuesta satisfactoria sobre las diligencias y hasta hoy no conocen las negociaciones que se hicieron para liberar a su padre, dando cuenta del fuerte hermetismo de las autoridades de la época. El ex oficial era un blanco fácil de secuestro, ya que carecía de guardia y no portaba arma. Sin embargo, los frentistas lo liberaron -amarrado y envuelto en una bandera del Frente- a los tres días sin ninguna exigencia monetaria de por medio, buscando sólo provocar un impacto mediático.

Además de tener un fuerte impacto sicológico en las autoridades de la época y en la población, estas acciones marcarían el modus operandi de la agrupación en sus próximos golpes. A través de estos secuestros selectivos el FPMR consiguió demostrar al país su poderío y, a la vez, obtener recursos para financiar sus operaciones.

 

Los Grupos de Apoyo

A pesar de toda esta frenética actividad, el FPMR también se había preocupado de organizar labores que sirvieran de apoyo a las acciones militares que emprendía.

Ya desde sus comienzos los frentistas había iniciado un minucioso proyecto de contrainteligencia que implicaba el infiltramiento, tanto de organismos militares, como de la propia CNI. Al respecto, algunos informes del Sistema de Inteligencia Alemán, SED, dan cuenta cabal de los logros que hasta ese entonces se habían obtenido por parte de los frentistas; "En 1983 se logró por primera vez establecer contacto con 34 generales y oficiales de las fuerzas armadas chilenas. Estas relaciones tienen que ser ampliadas prolijamente. Positivo ha sido, sobre todo, el trabajo con militares en retiro, los que, a su vez, pueden ejercer influencia en las filas. Se han logrado repartir cientos de panfletos en los cuarteles. Actualmente 30 suboficiales de las fuerzas armadas colaboran llevando material propagandístico al interior de los cuarteles militares".

En el aspecto político, la Dirección Nacional del FPMR había creado equipos de trabajo especificos, entre los que se contaban los de "Apoyo Político" y los de "Agitación y Propaganda".

Ambos grupos eran integrados por no más de seis u ocho personas y estaban a cargo de Martín Pascual, conocido al interior del frente como el "comandante Daniel Huerta", quien integraba en ese momento la cúpula de la organizacion. En esta tarea era secundadado por Alex Vojkovic Tries, alias "Jorge Salas" o "Raúl".

 

 

Alex Vojkovic, ex vocero del Frente

La principal misión del grupo de Apoyo Politico era brindarle al FPMR el análisis de la coyuntura nacional, debiendo discutir y sistematizar la labor de la Dirección Nacional. Es decir, parte de su trabajo consistía en evaluar las acciones emprendidas por el grupo operativo que, en definitiva, era el que llevaba a cabo las acciones de carácter militar.

Ademas debian servir de puente con otros estamentos de la oposición a Pinochet, como algunos obispos católicos con los que comenzaron a tomar contacto.

También solían reunirse con algunos de los más altos jefes militares de la organización, pues cada cierto tiempo uno de los comandantes se unía para debatir con el grupo. De acuerdo al testimonio de uno de sus integrantes, los equipos se reunían periódicamente en "casas de seguridad" donde se llevaban a cabo los encuentros. Varias de estas citas se realizaron en las comunas de Macul y La Florida, donde el FPMR mantenía parte importante de su red de apoyo.

Entre las labores específicas del segundo grupo, de Agitación y Propaganda, estaba la edición de "El Rodriguista", una publicación que difundía y explicaba las acciones del Frente. El propio Vojkovic era el encargado de recopilar los documentos que escribían los dirigentes y que, por motivos de seguridad, eran dejados en distintos puntos de la ciudad, como buzones, casas particulares o locales comerciales.

Como gran parte de la información era compartimentada, muchas de las acciones emprendidas por los cuadros de acción del FPMR no estaban en conocimiento de este grupo, pero asimismo les correspondía a ellos explicar a la opinión pública -en la medida de lo posible- los alcances de dichas acciones.

 

En el caso particular de Vojkovic, su labor lo llevo incluso a oficiar de vocero oficial de las actividades militares de la organización entre 1983 y 1987. Desde ese rol estrechó sus contactos con la prensa opositora, donde era conocido con el nombre de "Jorge Salas".

Para periodistas como Juan Pablo Cárdenas y Fernando Paulsen -que dirigían la revista Análisis- "Jorge Salas" era un contacto habitual. "Nos encontrábamos en El Parrón, nos entregaba datos y en más de una ocasión nos agendó entrevistas con la jefatura del Frente", afirma Cárdenas.

Este agrega que en esa época Vojkovic usaba una barba frondosa, vestía bien y tenía buena pinta. "Tenía disposición para colaborar, y siempre destinaba tiempo para escuchar nuestra opinión", remata.

Paulsen recuerda su modus operandi: "Rompía el molde del cuadro clásico, era extremadamente simpático y relajado. Nos llamaba y dejaba el número de un teléfono público y una hora para contactarlo".

Con el correr del tiempo, Vojkovic debió informar a la prensa los pormenores de los dos mayores fracasos del FPMR. El primero, el decomiso de armamentos en Carrizal Bajo, y el segundo, el fallido atentado al general Pinochet en el Cajón del Maipo. En ambos casos -según cercanos a Vojkovic- éste se enteró de los hechos a través de los noticiarios y, horas más tarde, al sostener reuniones con el comandante "Daniel Huerta", este lo instruyó sobre los hechos.

 

El Caso Vicaria

 

A las 8 de la mañana del 28 de abril de 1986, un comando del FPMR efectuó un violento asalto a la panadería "Lautaro", en la comuna de Pudahuel.

En el escape los frentistas se vieron rodeados por efectivos policiales, dando lugar a un intenso tiroteo en el que resultaron muertos el cabo de carabineros Miguel Vázquez Tobar y el rodriguista Lenin Miranda Clavijo, conocido como "Alex" o "el Jefe". Además resultó herido en un glúteo su compañero Hugo Gómez Peña, "Pedro", quien debido a ello debió acudir a la Vicaria de La Solidaridad para efectuarse curaciones. Su lesión requería cirugía mayor por lo que fue trasladado en forma clandestina a la Clínica Chiloé, donde fue operado y debió permanecer dos días antes de ser obligado a retirarse. Para su recuperación integra fue acogido en diferentes casas de seguridad, en especial en Ñuñoa donde vivían parejas de ancianos, muchos de ellos antiguos y disciplinados militantes del Partido Comunista.

El mismo día del atraco fueron detenidos los frentistas Germán Alfaro Rojas, "Pancho", Jorge Marín Correa, "Marco Antonio", y Belinda Zubicueta, "Roxanna", quienes también habían participado de la acción.

La policía logró además identificar a Julio Muñoz Otárola, otro integrante del comando frentista, quien finalmente no pudo ser capturado.

Tanto en la cobertura del asalto, como en el traslado del herido tuvo activa participación una mujer que meses después sería la única fusilera en el atentado al general Pinochet. Su nombre era Adriana Mendoza Candia, o "Fabiola".

Este hecho y sus secuelas daban claros indicios de la red de protección con que contaba el FPMR, en un caso que fue conocido más tarde como el "Caso Vicaria".

El encargado de iniciar la investigación judicial del atraco fue un coronel de justicia que poco o nada sabia del FPMR , pero con el tiempo se transformaría en conocedor y cazador implacable de los miembros de la organización.

Fernando Torres Silva, convertido en Fiscal Militar, comenzó a interiorizarse del Frente tras la caída de Hugo Gómez Peña, cuando este continuaba con su tratamiento en la Asistencia Publica el 14 de mayo de ese mismo año. En sus declaraciones, Gómez Peña aportó datos suficientes para conformar una visión general del movimiento.

Según organizaciones de derechos humanos, a raíz de los hechos y azuzados por el Fiscal Militar "el régimen desencadena una tenaz persecución, somete a brutales torturas a los detenidos y ataca directamente a los organismos de Derechos Humanos, muy especialmente a la Vicaría de la Solidaridad, encarcelando a varios de sus profesionales y sometiendo a interminables interrogatorios a su personal".

Según el Fiscal Torres Silva, el caso no hizo más que esclarecer una red de apoyo que era intuida por muchos.

"El seguimiento que como fiscal me tocó hacer en ese caso -explica Torres Silva- me demostró una cosa para mí sorprendente: cómo este hombre fue ocultado por una red de protección en ocho casas distintas".

 

Y agrega; "El Frente Manuel Rodríguez tenía una organización excelente y con un sistema de apoyo muy amplio, que lo pude observar en ese caso en especial. Este hombre que fue herido fue llevado a la Vicaria de La Solidaridad y luego paso por ocho casas de seguridad distintas, las que fueron todas, desde luego, debidamente investigadas y procesados aquellos que le dieron protección, porque se sabía que era un hombre que estaba herido en un atentado en que había muerto un carabinero. Y, en definitiva, es entregado al Ministerio del Interior en una conversación que un señor obispo tiene con el titular de la época, Ricardo García. Hay elementos de la Vicaría, gente de izquierda, infiltrada en un esquema de Iglesia, que sí apoyaron al Frente Manuel Rodríguez. De eso no cabe la menor duda. Eso está demostrado y ahí está el proceso. De todos los movimientos subversivos de los últimos 50 años, el Manuel Rodríguez es lejos el que más apoyo popular tuvo, y eso queda patente en este caso"

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